Solidaridad

Acabo de volver de una mesa redonda de mi cole. Esta vez el tema era Perú. Este año celebramos las XV Jornadas de Solidaridad en las que durante una semana el colegio se vuelca en un proyecto de un país determinado. Además de estudiar el país, su cultura, su geografía, su historia... intentamos a nuestros alumnos y alumnas esa gran palabra, tan dificil de pronunciar y que encierra tantas cosas: Solidaridad.
Veo esta niña, con sus pies negros descalzos, con su hermano pequeño a cuestas y qué dificil es que no me salga la vena "caritativa", "pobrecita, hay que ayudarla" qué dificil es transformar la caridad mal entendida en una verdadera solidaridad en la que nos sintamos parte de un mundo global en el que todos tenemos algo que ofrecer y algo que compartir.
Y ver detrás de esta niña un ejemplo de superación, de fortaleza... y no simplemente una niña pobre que necesita unos zapatos.
Todos conocemos a gente peruana a nuestro alrededor. Qué bonito ha sido en este proyecto que mis alumnos aprendieran a mirar a "esas chicas" que les cuidan, les traen y les llevan a sus múltiples actividades, y vean que detrás de ellas existe una persona con una historia, con mucho que contar y de la que aprender.
Y después está la otra parte también, por supuesto. La parte en la que me hago consciente de la parte del pastel que me ha tocado, tan grande que no la puedo terminar. Y la que les tocó a ellos que no les llega para cubrir unas mínimas necesidades.
Y aqui ya llega la oción de cada uno. Hoy, desde mi pequeño grano de arena os remito a una página:
http://www.intered.org/
Por si os remueve algo por dentro y queréis colaborar con alguna ONG pero no sabéis muy bien, yo os puedo hablar desde el conocimiento y la seguridad de que esta es una organización completamente transparente (algo muy importante después de las cosas que se han oido por ahi), que trabajan por el desarrollo de los países que lo necesitan tratando de atacar a las causas profundas y no simplemente dando una ayuda puntual, sobre todo desde la educación (que es donde en mi opinión está la base) para poner cambiar estructuras y mentalidades.

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Las familias numerosas

Por qué todo el mundo está empeñado en que no se pueden tener más de tres hijos? Estoy ya más que harta de los comentarios del tipo:
- Bueno, hija, tu ya pararás, no?
- No pensarás tener más hijos, verdad?
Ante lo que ya últimamente contesto:
- Pues pienso tener siete hijos, así que aún me quedan cuatro más.
Entonces te echan esa mirada de “estoy mirando a un extraterrestre” o “esta pertenece a una secta” y mirándote por encima del hombro te responden con una sonrisa que parece pintada en la cara:
- Pufff, yo con Carlitos tengo más que suficiente.
Un vistazo a su atuendo y no me sorprende la respuesta: gafas de Gucci, cinturón Dolce y Gabana, bolso Carolina Herrera... efectivamente, así es un poco difícil.
Y es que no se puede llegar a todo aunque nosotras lo pretendamos. Queremos ser unas buenas profesionales y unas mejores amas de casa, amantes, amigas, hijas y madres amantísimas, mantener una vida social activa y además estar estupendisimas de la muerte a pesar de los años y los hijos... así es imposible tener una familia numerosa (bueno, en realidad es imposible aún sin la familia numerosa de por medio).
No sé si tendré tres hijos, siete o dieciséis pero de momento seguiré defendiendo las familias grandes, grandes y seguiré contestando igual cada vez que me pregunten (me encanta ver sus caras ante mi respuesta... jajaja)

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La lectura prohibida

Ayer, animada por Roald Dahl escribí un microrelato, espero que os guste:

Escondida bajo las sábanas devoraba su primera novela, con avidez, con ansia, con la inquietud de ser descubierta. 372 páginas sin un solo dibujo, folios y folios de letra minúscula y apretada.

Aún resonaban en su cabeza las palabras de su madre:

- Te quedarás ciega. Ni se te ocurra leer ese libro, queda absolutamente prohibido.

Durante semanas había estado fabricando un “sustituto” con cartón y pinturas robadas al colegio y aquella noche era la elegida.
Sus padres habían salido a cenar fuera. La tía Rosa se quedaría con ella.

- Creo que hoy echan una peli de George Clooney, tía.
- Ah, si?

Allí estaba, el lomo verde, las letras doradas que parecían llamarla.
Dio el cambiazo cuando tía Rosa ya soñaba a sus espaldas y después se acostó temprano fingiendo cansancio. El corazón le latía deprisa, sólo disponía de unas horas antes de que regresaran. No se fiaba de su burda estratagema de cartón, debía acabarlo antes de que volvieran.

Sus ojos se debatían entre la velocidad de las líneas y el peso de los párpados. Ya sólo le quedaban un par de capítulos, unas hojas, unas líneas…
(…)

La madre se acercó a su cama, retiró el libro de sus manos dormidas y con un beso en la frente y una sonrisa en los labios le susurró:

- Buenas noches mi pequeña insomne.

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Roald Dahl

Hoy teníamos en el cole una charla sobre Roald Dahl, uno de mis escritores favoritos. Recuerdo vivamente la “fama” que tenía en mi clase (allá por quinto de EGB) el libro de “Charlie y la fábrica de chocolate”, se corrió la voz entre todos de aquel libro “estaba genial” y todos queríamos cogerle de la biblioteca a la vez. Después de devorarle lo comentábamos en clase (y eso que no estaba la peli... menos mal).

Cuando hace unos años salió la película de Tim Burton y releí el libro, me encontré con muchas cosas que no recordaba. Mi mente de adulta (y maestra además) no hacía otra cosa que fijarse en lo cruel y agresivo que era el autor, y que sin duda habría tenido una relación tormentosa con sus padres porque en casi todos sus libros los niños son huérfanos o están al cuidado de unos padres horrorosos (vease Matilda o James y el melocotón gigante y sus malvadas tías, por no hablar de la abuela de “La maravillosa medicina de Jorge” que no tiene desperdicio).

Pero no, hoy en la charla nos comentaba el ponente (Diego Gutierrez del Valle, miembro del equipo peonza y un orador fantástico, nos hizo a todos complices de su pasión por la lectura) que su relación con sus padres fue fabulosa y la explicación a esta agresividad la encontramos en sus propias palabras:

"Considero que los niños son seres semi-civilizados. Al nacer se están por civilizar, cuando llegan a los 12 o 15 años ya se les han enseñado modales: a no comer con los dedos, a ser limpios, a vestirse adecuadamente. Un montón de cosas que en realidad no quieren hacer, que no les gustan. Subconscientemente, los niños odian ser civilizados. Y la gente que les obliga a hacer esas cosas que no les gustan son los padres. Sobre todo la madre. Más adelante son los padres y los maestros. A los niños no les gustan estos adultos y yo uso esto en muchos de mis libros. Se trata de dejar en ridículo a los adultos ¿sabe usted? Es algo inofensivo pero a los niños les encanta."

Así que allí estaba yo con 9 años disfrutando como una enana de sus libros y con treinta y tantos escandalizándome, sin dejarme llevar por su rebeldía e irreverencia y su sentido del humor.
Creo que releeré otra vez esos libros…

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La función educativa de la sociedad


No es una idea mía, la leí hace tiempo en algún artículo, pero hoy la he comprobado en la práctica.
Hace años, no sólo educaban los padres y los profesores, sino que la sociedad se implicaba también en la educación de sus pupilos. Y cuando digo sociedad me estoy refiriendo al tendero, al policía o al anciano sentado en el banco de la esquina.
Si hace años cualquiera de estos personajes veía a un crío tirando un papel al suelo rápidamente le reprendía con un
- Eh, chaval, recoge eso ahora mismo.
Ahora ya puedes guardarte muy mucho de hacerlo si no quieres recibir una reprimenda del padre de la criatura:
- Oiga, usted que tiene que decirle a mi hijo?
O con una patada o improperio del niño en cuestión.
Hoy comprobaba como un niño de unos tres años (edad inferior a la permitida) se comía un helado (con el frío que hacía) en un parque infantil (de esos con toboganes y piscinas de bolas). Su padre le miraba embelesado:
- Está rico, mi cielo?
Y yo no hacía más que imaginarme la bola en el suelo y al padre intentando entrar a limpiarlo o ni siquiera eso, dejándolo ahí con el consiguiente pringue en los calcetines de todos los niños restantes (entre ellos mis hijas).
Otro niño tiraba las bolas hacia fuera, lanzándolas en todas las direcciones posibles y yo me repetía a mi misma "estoy fuera de servicio, estoy fuera de servicio".
Al final, la deformación profesional pudo más que yo y le dice al "angelito":
- Eh, eso no se tira fuera.
Entonces un "adulto" situado a mi espalda recogió la pelota y la volvió a echar a su sitio. Eso si, sin una sola reprimenda a su "tesorín".
En fins, apañados vamos con esta sociedad y sus "enfats terribles".

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El principito


Hace ya un par de semanas fuimos a ver "El principito" al Palacio de Festivales. Fuimos con las ninas a pesar de que no es una obra para niños, pues creo que a pesar de lo que parezca es un cuento para adultos.

El montaje era original y muy bien conseguido y Eduardo Casanova (el "Fidel" de la serie "Aida") lo hace muy bien. No tanto así la actriz femenina que interpreta a el zorro, la serpiente y la flor. Con lo que a mi me gusta el diálogo del principito con el zorro, es un diálogo para masticarlo, para saborear cada una de sus frases, que dice cosas tan ciertas y tan olvidadas...

- Qué significa "domesticar" ?
- Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa "crear lazos..."
- Crear lazos ?
- Claro –dijo el zorro. – Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo... (...) Y además, mira ! Ves, allá lejos, los campos de trigo ? Yo no como pan. El trigo para mí es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. Y eso es triste ! Pero tú tienes cabellos color de oro. Entonces será maravilloso cuando me hayas domesticado ! El trigo, que es dorado, me hará recordarte. Y me agradará el ruido del viento en el trigo...
El zorro se calló y miró largamente al principito:
- Por favor... domestícame ! – dijo.
- Qué hay que hacer ? – dijo el principito.
- Hay que ser muy paciente – respondió el zorro. – Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
Al día siguiente el principito regresó.
- Hubiese sido mejor regresar a la misma hora – dijo el zorro. – Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; descubriré el precio de la felicidad ! Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Es bueno que haya ritos.
- Qué es un rito ? – dijo el principito.
- Es algo también demasiado olvidado – dijo el zorro. – Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. Mis cazadores, por ejemplo, tienen un rito. El jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Entonces el jueves es un día maravilloso ! Me voy a pasear hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se aproximó la hora de la partida:
- Ah! - dijo el zorro... - Voy a llorar.
- Es tu culpa – dijo el principito -, yo no te deseaba ningún mal pero tú quisiste que te domesticara.
- Claro – dijo el zorro.
- Pero vas a llorar ! – dijo el principito.
- Claro – dijo el zorro.
- Entonces no ganas nada !
- Sí gano –dijo el zorro – El color del trigo.
Luego agregó:
- Ve y visita nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Y cuando regreses a decirme adiós, te regalaré un secreto.
El principito fue a ver nuevamente a las rosas:
- Ustedes no son de ningún modo parecidas a mi rosa – les dijo. – Nadie las ha domesticado y ustedes no han domesticado a nadie (...)
Y volvió con el zorro:
- Adiós – dijo...
- Adiós – dijo el zorro. – Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
- Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo.
- Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante.
- Es el tiempo que he perdido en mi rosa... – dijo el principito a fin de recordarlo.
- Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro. – Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...
- Soy responsable de mi rosa... - repitió el principito a fin de recordarlo.

Antoine de Saint Exupery

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Carnaval

Carnaval, carnaval, carnaval te quieroooooo......
Sobre todo por los cinco de fiesta, jejeje. Si, ya lo sé, que bien vivimos los maestros, pero tenemos otras cosas. Antes, cuando alguien me salía con lo de que vaya morro, que cuantas vacaciones tenemos, etc. me ponía a rebatirles: que si nosotros no tenemos descanso, que cuando me voy a casa no termina la jornada pues tengo que preparar trabajos, hacer evaluaciones... que es un trabajo (como el de médico, creo) que te implica mucho emocionalmente, que tu mente está todo el rato pensando en el trabajo aunque no estés en él y que es uno de los trabajos con más estrés, eso sin contar con todos los cursos que tenemos que hacer, etc.

Por supuesto que alguno me revatirá que eso sólo le ocurre a algunos maestros y que habrá quién no haga nada de eso y cuando terminan sus horas se va a su casa y punto, pero puedo deciros que al menos en mi entorno esos son los menos.

Bueno, como os decía (pero como me enrollo) es que antes me ponía a rebatir, pero últimamente contesto:

- Pues si, efectivamente, tenemos un montón de vacaciones. Anímate y hazte maesto tu también.

Lo cual también es cierto...

Total, que yo estaba hablando de los Carnavales, no? jajaja, vaya mañana rollista que llevo. Es que en Santander no tenemos mucha tradición carnavalesca. Me gustaría más hablaros de los recuerdos que tengo de los Carnavales que viví cuando era pequeña. Recuerdo que nunca me compré un traje, todos nos los fabricábamos (de hecho eso era lo más divertido de todo). A ver si mis papis ya han arreglado el escaner y puedo colgaros algunas fotos de esas...

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Blogs galardonados con el premio desafío

Ah, se me olvidaba. Los blogs que selecciono como ganadores de este bonito premio son:
http://silvart.blogspot.com/
http://serrana.blogia.com/
http://www.irlandalibre.blogspot.com/
http://esthersumundoymicocina.blogspot.com/
http://tamaradonmarco.spaces.live.com/
Sólo tenéis que copiar el test, pegarlo en vuestro blog y otorgar este premio a cinco blogs que os gusten.

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Premio desafío

Gracias Cloti, por haberte acordado de este humilde blog. El premio en cuestion no consiste más que en responder al siguiente cuestionario y enviar "el premio" a cinco de tus blogs favoritos. Después de el pequeño "chof" tras el concurso de San Valentín levanta el ánimo saber que hay alguien ahi detrás leyendo lo que escribo... gracias a todos los que estáis ahí.

Bueno, pues allá voy...

Lo que te choca: que aún haya gente (inteligente incluso, que es lo más chocante) que vea gran hermano.
Lo que te eriza: las discusiones (esas en las que la gente levanta la voz, no se escuchan, comienzan las descalificaciones....)
Lo que te excita: mi marido.
Lo que te suelta: una copa y una música "sabrosona".
Lo que te hace reír: mi hermano.
Lo que te hace llorar: el sufrimiento de los niños.
Lo que te da nauseas: cualquier olor a comida cuando tengo jaqueca.
Lo que te hace falta para ser feliz: mejorarme un poco (por dentro, entenderme bien)
Lo que te causa infelicidad: ver sufrir a mis hijas.
Lo que pides: pufff, tantas cosas: la paz, el cese del hambre, de las guerras, de las injusticias...
Lo que temes: la soledad.
Lo que no quieres perder: a mis seres queridos.
Lo que quieres alcanzar: me gustaría ser cada día mejor persona, y un sueño personal: publicar un libro (o dos, o tres...)
La fecha que odias: el primer día de trabajo tras las vacaciones.
La festividad que adoras: Reyes.
Una nostalgia: la época del noviazgo, cuando estábamos siempre juntos, a todas horas, cuando teníamos esa imperiosa necesidad de sentir continuamente el tacto de la piel del otro, cuando los besos duraban horas y tardes enteras...

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Mi historia de amor.

Estoy decepcionada, lo reconozco. Me hacía ilusión quedar finalista. Esto me pasa por orgullosa, por creerme que escribía bien. En fins, no me viene mal esta cura de humildad.


Para los que no sepan de que hablo, participo en un foro del comic "Esther y su mundo" que tanto éxito tuvo entre el público femenino hace ya unos cuantos años y que ahora está viviendo un nuevo renacimiento con la creación de nuevas aventuras y reedición de las antiguas.

Se organizaba un concurso de San Valentín en el que los que quisieran participar debían enviar un relato de cómo se enamoraron, conocieron a su amor, etc. Hay cinco finalistas y entre ellos votaremos el relato ganador.

Y bueno, pues eso, que mi relato no está, pero me ha gustado escribirlo, recordar aquel momento de mi vida. Así que aquí va para el que le apetezca leerlo.

En cuanto entró en el grupo todas nos lanzamos a por él. Un joven alto, moreno y con esos ojazos azules… puf, demasiado para mí, seguro que se me adelanta alguna de estas lobas.

Aquella tarde me cambié de jersey tres veces. Pero qué me pasa? No habíamos quedado, Susana, que no te interesaba? Por supuesto, si no me interesa, si bajo al bar por ver a la gente…

Allí estaba yo, sentada en la mesa de siempre, charlando con los demás como tantas tardes… pero aquella tarde era diferente, aquella tarde mis ojos se escapaban hacia la puerta una y otra vez.

Entonces apareciste tú. Nos miramos, nos sonreímos, te acercaste a mi mesa, te sentaste frente a mí… y a tu lado ella. No me lo podía creer. Estaban sus manos entrelazadas por debajo de la mesa? Por qué me sonreía entonces? Que era aquello? Una broma cruel?

Bueno, me da igual, si en el fondo no me gustaba… si ya sabía yo que no era para mí…

Así pasaron las semanas cuando una tarde sonó el teléfono.
- Susana, es para ti. Un tal Pedro.

La sonrisa de mi madre al darme el teléfono no tenía desperdicio…
- Si?
- Hola, Susana. Soy Pedro. Me preguntaba si podrías quedar esta tarde.
- Lo siento, he quedado ya.
- Ah… bueno, pues entonces ya nos vemos el viernes donde siempre.
- Vale. Hasta luego.
- Adiós.

Cuelgo el teléfono y me quedo pensando. La rumorología decía que habían cortado hace unos días. Igual estaba pasándolo mal y necesitaba alguien con quien hablar… qué hago? Le llamo o no le llamo? Al final descolgué el teléfono y le llamé.

Nos vimos en un bar fuera de la zona de habituales para evitar miradas indiscretas. Aquella fue una tarde de confesiones. Efectivamente había cortado con ella, pero al haberse puesto a salir casi al mismo tiempo que conoció a todo el grupo ahora se encontraba un poco perdido y descolgado.

Descubrimos que teníamos muchas cosas en común y encontré en el a una persona con la que acudir a la ópera (una aficción muy poco extendida entre los jovenes de 17 años). La ópera daba pie a una cenita después para el comentario y después que si vienen “Les Luthiers”, que si una peli… y así, íbamos recorriendo la agenda cultural de la ciudad.

Con los meses nos fuimos haciendo amigos y no hay nada peor para el amor que una buena amistad. Yo notaba que tú querías algo más. Una tarde me tocaste la mano y yo me quedé paralizada, no la retiré, pero tampoco correspondía a tus caricias. Me piropeabas y decías cosas tan lindas… sin embargo yo no sabía que responder. No quería herirte, no quería perder nuestra amistad… porque eras mi amigo, mi mejor amigo. Ya no había mariposas en el estómago, ni tres cambios de jersey. No tenía que mentir, ni decir que adoraba el fútbol para agradarte.

Si lo pensaba fríamente serías la pareja perfecta, estábamos tan bien juntos… sin embargo, el hecho de planteármelo era como cometer incesto. Había dejado de verte de esa manera.

Una noche decidí liarme la manta a la cabeza. Fuimos a un pub y pedí una copa de Cointreau. Te quedaste de piedra pues nunca pedía alcohol. Cuando comencé a notar el leve mareo que me otorgó aquella copa me acerqué un poco más a ti. Estábamos sentados en la barra. Primero coloque mis brazos sobre tus hombros. Te miré a los ojos. Tu cara era todo un poema, no podías creer lo que pasaba. Primero un beso en el cuello, en un lado, en el otro… en los labios… Fue un beso largo y dulce con sabor a naranja y alcohol.

Me acompañaste a casa, como siempre. Caminábamos lentamente, en silencio, como en un sueño. Y cuando llegó el momento de la despedida:

- Susana, creo que deberíamos seguir como amigos. Tú eres demasiado joven, tienes aún que salir, que divertirte…

Queeee???? Con lo que me ha costado lanzarme, ahora me salta este que…

- Mira, yo no quiero salir más por ahí, ya se lo que hay. Yo quiero estar contigo, yo quiero tener una pareja. Para los tíos es diferente. Es cierto que no os gusta ataros tan pronto, pero no te preocupes por mí, estoy haciendo lo que quiero hacer.

No sé ni cómo me salió aquel discurso. Creo que intentaba autoconvencerme a mí misma. Al día siguiente todo eran dudas. No me habría equivocado? Había cambiado la mejor amistad por un noviazgo incierto… ya sin alcohol y a plena luz del día tu cogías mi mano con confianza y yo seguía sintiéndome tan extraña…

Al cabo de unos días me fui de vacaciones con mis padres. Unas semanas sin vernos serían quizás lo mejor. Después de pasar tanto tiempo juntos, esos días sin ti me hicieron echarte de menos. Aquello era lo que necesitaba. Ver parejas en la playa y pensar en ti. Ver un atardecer y pensar en ti. Escuchar una canción y pensar en ti.

Aquel verano Rosana fue la celestina que nos unió en la distancia.
“No quiero estar sin ti. Si tú no estás aquí me sobra el aire.
No quiero estar así. Si tú no estás la gente se hace nadie”.

Al volvernos a ver todo había cambiado. Renacieron las mariposas en el estómago y sentir tu mano en la mía era todo cuanto podía pedir.

Por una vez en la vida había cambiado a Juanito por Kerry. Siempre me enamoré de Juanito, tan seguro de sí mismo, tan canalla… Kerry siempre pasó desapercibido… hasta hoy. Tres hijas y 11 años después seguimos juntos: mi amigo, mi amante, mi confidente, mi amor.

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