La palabra corset proviene del antiguo francés “cors” que era un diminutivo de “cuerpo”.
Los orígenes del corset se pierden en la antigüedad. Las mujeres de civilizaciones antiguas tales como Creta, Grecia, Roma, Egipto, Siria, usaban una especie de corset para levantar el busto, afinar la cintura o en ocasiones también para practicar ciertos deportes que requerían trajes de soporte o constrictores.

Pero no fue sino hacia los siglos XVI y XVII que el uso del corset se difundió como una prenda usada por todas las mujeres, independientemente de su posición social. Como muestran los cuadros del Renacimiento, aquellos primeros corsés eran particularmente rígidos e incómodos, aunque su fin siempre fue el mismo (mantener una postura erguida, levantando o aplanando el busto, afinando la cintura) el esqueleto de la prenda se armaba con varillas de hierro o madera, también de hueso de ballena. Para entonces las mujeres ya hacían uso y “abuso” del corset: afinando sus cinturas a medidas extremas.
A mediados del s. XVIII los corsés volvieron a ser el centro de la moda en tanto se hacía la transición hacia los famosos corsés victorianos. Contrario a las comunes concepciones acerca de los corsés victorianos, no todas las mujeres apretaban sus corsés al extremo y mucho menos a diario. Tampoco removían sus costillas quirúrgicamente, ni les provocaba tuberculosis, ni les dañaba la columna. Sin embargo, el continuo uso del corset extremadamente ajustado, les podía llegar a deformar la cavidad pulmonar, y provocar el desplazamiento de órganos. Las damas de la alta sociedad se reservaban el “tight lacing” para eventos formales tales como bailes o reuniones sociales. Y en estos momentos era cuando, si se excedían, les podría ocasionar desmayos (por la reducción de la caja torácica que privaba a los pulmones de recibir el aire necesario).

En nuestros días también existen féminas algo descerebradas que abusan de esta prenda hasta llegar a extremos como el de Cathie Jung quien se hizo famosa por sus 37,5 centímetros de cintura. Actualmente se encuentra en el libro Guiness de los Records por esta portentosa "hazaña" de llevar desde hace más de 20 años un corset a diario.

Al mirar las fotos me da grima pensar que ocurrirá cuando se quita el corsé... como se sostiene erguida esta mujer ya, si no es con ese armatoste puesto???


Tiene auténticas obras de arte y que pagas como tal, así que después de babear un rato me decidí por algo más acorde a mi presupuesto.
Al final después de muchas vueltas ya no recuerdo donde lo compré, pero sé que fue uno de estos dos sitios:
La verdad es que donde encontré mejor orientación para comprar un corsé fue en los foros punk como este, góticos, o en los de recreación histórica (aunque en estos últimos menos...)Si alguna más por aquí se siente tentada a comprar uno la primera aclaración es que no compre uno de los más baratos que normalmente tienen las varillas de plástico porque se deforman y no consiguen el efecto deseado.
Mi experiencia personal de lo que supone ponerse un corsé pues es en general positiva. Podría compararse a la de comprarse unos altísimos tacones de aguja. Por un lado existe una parte de mortificación física, pero por otro existe esa sensación de sentirse poderosa y sexy.





























