
Casarse o no casarse... that's the question.
Gracias a Dios las cosas han cambiado. Hoy en día se puede elegir, sobre todo las mujeres, que quizás en otra época ni se lo planteaban. Es lo que tocaba a cierta edad, lo que había que hacer (eso o el convento...)
Hoy podemos elegir si queremos realmente casarnos, y no sólo eso, sino que el hecho de casarse ha quedado desvinculado al hecho religioso.
Yo creo que eso es un avance. Antiguamente no había otra opción que casarse por la Iglesia. Después se "abrió la veda" de los ayuntamientos, pero aquello era casi un juicio (que tristeza, en cinco minutos, la novia en traje-pantalón...) de tal manera que había gente que, aunque no creyente, elegía casarse por la Iglesia porque era mucho más "bonito".
Hoy en día puedes casarte en un marco incomparable (como el Palacio de la Magdalena) vestida de novia, con Rolls Royce a la entrada, ceremonia con cuarteto de cuerda, leyendo textos poéticos e intervenciones de tus familiares y amigos hablando sobre la pareja.
Y no es un sacramento.
Me alegra. Porque ahora quién se casa por la Iglesia ya no es por "que queda más bonito" o al menos, tiene otras opciones, si es que quiere ser coherente.
Cuando yo me casé quise que mi boda representara lo que quería que fuese mi matromonio, fuese un poco "testimonial", aunque en las bodas hay mucho de convencionalismos, fórmulas sociales y compromisos que cumplir... y por eso no quise gastarme las cantidades astronómicas que se pagan. No por tacañería sino por convencimiento.
Un vestido que sólo voy a usar una vez!!!! (si Dios quiere). Así que después de mucho buscar, me casé con un vestido prestado que arreglé y reformé a mi gusto (por una miga de mi madre que es modista y fue su regalo de bodas).

El peinado me lo hizo mi madre (que fue peluquera antes de casarse). Ella no quería.
- Ay, Susana, que voy a estar muy nerviosa ese día. No quiero esa responsabilidad.
- Pero mamá ¿quién podría peinarme mejor el día de mi boda que mi propia madre? es un recuerdo que tendré para siempre, y además tenemos todo el tiempo del mundo para hacer todas las pruebas que quieras.
El video lo hizo nuestro amigo Eddie. Quedó un video de lo más familiar, con tomas falsas y todo. Muy entrañable, nada formal.

Las fotos fue un regalo de nuestra amiga Silvia, gran aficionada a la fotografía y además una manitas porque el álbum también nos lo "fabricó" ella, forrando uno con un papel amarillo precioso, rematándolo por dentro con lazo color morado.

Las invitaciones las encargamos a un grupo de mujeres de la India, que las hacen cosiendo hilos de forma totalmente artesanal. Las cogimos a través de la ONG
Intered que es la que se las comercializa. Cada tarjeta tenía un motivo diferente (eran unos seis modelos) característico de la cultura hindú. La que véis en la imagen es la flor de loto. Después hice yo la impresión de la parte interior y las pegué (en plan "manualidades" de toda la vida, jejeje)

El banquete fue algo muy sencillo pero en el que estuvieron todos nuestros amigos. Digamos que del total de invitado eran 1/3 familia de la novia 1/3 familia del novio 1/3 amigos. Lo cual fueron muchos amigos y disfrutamos un montón (que es al final de lo que se trata ¿no?)
Bueno, que no pretendo ponerme de ejemplo de nada. Todo este post surgió de un comentario acerca de que nunca gasté más de 90 euros en un vestido, ni siquiera en el de novia (de hecho e de novia costó 0 euros, el que costó 90 fue el que me compré para la boda de mi hermano...).
Y todo esto me ha llevado a una reflexión sobre lo que supone casarse, lo que ha cambiado el concepto en pocos años, y que ahora es posible casarse de una manera diferente, o más que diferente, coherente, cada uno con lo que cree, y ya no vamos todos a una... gracias a Dios.